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¿Padres o amigos?

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En las últimas décadas vemos a padres en búsqueda de construir relaciones cercanas con sus hijos, tratando de ganarse su confianza y afecto deseando ser “sus mejores amigos”.  Pero debemos entender que nuestros hijos no nos necesitan como amigos, necesitan padres.  

Los padres ofrecemos un lugar seguro al que los hijos podrán regresar siempre que necesiten estabilidad, fuera de casa irán probando límites, vivirán experiencias de empatía o rechazo, irán navegando por el mundo para conocerlo, pero nosotros somos su ancla, los sostenemos y les damos seguridad.  

Las relaciones entre padres e hijos son relaciones de dependencia en donde los hijos necesitan depender de nosotros por razones obvias, es nuestra responsabilidad satisfacer sus necesidades físicas, pero también emocionales, cuidarlos y protegerlos para que puedan crecer y madurar con libertad, nos corresponde crear el entorno adecuado para que se sientan cómodos y seguros.  Nosotros somos quienes les proveemos lo que necesitan y es un lujo el que pueden descansar en nosotros.  Nuestro papel es ayudarlos a tomar decisiones adecuadas y a manejar los desafíos de la vida.

Las amistades son distintas, están basadas en la reciprocidad en donde a las dos partes les toca depender en un momento, pero en otro les corresponde proveer, es decir, cada una de las partes trabaja, física y emocionalmente, por construir esta relación “igualitaria”.

Claro es que todos los padres deseamos relaciones cercanas con nuestros hijos, deseamos que crezcan confiado en nosotros, que puedan tener una comunicación abierta para hablar de cualquier tema con libertad y confianza, pero también es cierto que debemos guiarlos y contenerlos, especialmente en sus primeros años, pero incluso en su adolescencia los hijos necesitan que sus padres los contengan.  

Si empezamos nuestra relación siendo amigos de nuestros hijos, vamos a confundir los roles y será más difícil enviar el mensaje de “nosotros estamos a cargo”, para los hijos será confuso el momento en el que necesitamos hacer que se cumpla una regla pues podemos caer en la complacencia y ser demasiado tolerantes, lo que sin darnos cuenta nos lleva a perder el control.

El padre amigo comete algunos errores:

  • Ofrece demasiado, al trata de complacer a los hijos buscando que se sientan bien, que estén contentos o agradarles, les permiten vivir experiencias no adecuadas para su edad.  Por ejemplo, “Ay, es sólo una cerveza, todos los adolescentes toman, mejor que lo haga conmigo a en otro lado”
  • Tiene estructura suave, no establece límites ni reglas, le permite al hijo hacer lo que quiera.
  • Sobreprotege, justifica las faltas de respeto, la irresponsabilidad, le evita frustraciones…
  • Trata al hijo como confidente, le platica sus problemas de pareja, busca su consuelo, le cuenta sus secretos.  Y esto provoca desconcierto en los hijos pues a ellos no les corresponde hacerse cargo de los padres.

Los hijos necesitan padres firmes y amorosos que estén en control de sí mismos y de la situación.

Es nuestra tarea construir relaciones sólidas y seguras para que en un futuro, cuando nuestros hijos sean adultos maduros, quieran regresar a nosotros y probablemente nos vean como sus más grandes amigos, pero siempre nos van a necesitar como sus padres.

Marifer Calderón
Consultoría Práctica en Paternidad
Asesoría en línea
Conferencias y cursos
@marifer_calderon_