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Niños altamente sensibles

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Hace unos meses estaba en una fiesta infantil y cuando íbamos a partir el pastel, pusieron “Las mañanitas” a todo volumen, las entretenedoras tocaban silbatos y aplaudían al cumpleañero.  Un niño se tapaba los oídos mientras gritaba “Ya me quiero ir, ya me quiero ir”, su mamá trató de calmarlo, pero él la tomó de la mano y la jalaba repitiendo “Ya me quiero ir, ya me quiero ir” cada vez más fuerte.

Recuerdo que una amiga de la mamá se acercó a ella y le dijo “No le hagas caso, te quiere controlar que se aguante, tiene que aprender a socializar”, otra señora se acercó al niño y le explicaba que no pasaba nada, que solo estaban cantando, el niño no escuchaba razones, corrió a esconderse debajo de la mesa tapándose los oídos.  Su mamá con cara de angustia lo invitaba a salir y las otras mamás que estaban cerca murmuraban y la veían con cara de sorpresa, escuché algunos comentarios como – ¡Ese niño es rarísimo! No, lo que pasa es que la mamá es una dejada, no tiene autoridad.  A mí mis hijos no se atreverían a hablarme así.  ¿Viste como la jala?  Yo ya le hubiera dado una nalgada… – Finalmente la madre tomó sus cosas, cargó al niño y se despidió con cierta vergüenza reflejada en su cara.  

No era un niño raro, no era una mamá dejada y tampoco era falta de educación, y lo que menos necesitaba era una nalgada.  Era un niño altamente sensible.

Siempre han existido los niños altamente sensibles, pero su número ha incrementado, así como el conocimiento sobre el tema.

Son niños que tienen mayor receptividad al mundo a través de sus sentidos, parece que no tiene filtros por lo que perciben el mundo con mayor intensidad, todo lo sienten DEMASIADO, el ruido, la gente, los olores, las texturas… Es como si la información que reciben del exterior les llegara de manera directa, sin pasar por algún filtro que le ayude a procesarla, eso hace que tengan una mayor reactividad ante los entornos que despierten sus sentidos: la tía con un perfume muy fuerte, lugares aglomerados, la etiqueta de una playera, la consistencia de algún alimento… Para los niños altamente sensibles son demasiados estímulos, por lo que se saturan rápidamente y expresan sus emociones con intensidad.

No se trata de un trastorno es, más bien, un rasgo de personalidad.  Y si no logramos entenderlos, pueden ser difíciles de manejar ya que sus reacciones suelen ser incomprendidas. Especialmente cuando son pequeños pues sus cerebros inmaduros no pueden procesar fácilmente la información sensorial que reciben, y esto se refleja en problemas de atención, conducta, aprendizaje e interacción social principalmente.

Si bien, los adultos tenemos la responsabilidad de hacernos cargo de cualquier niño, los niños altamente sensibles nos necesitan aún más.  Necesitan de nuestra protección y cuidado para protegerlos de los estímulos que les resulten abrumadores, y de los juicios y comentarios de otras personas, niños y adultos.  

Necesitamos dedicarles tiempo, ser sumamente pacientes y apoyarlos mientras logran digerir toda la información que reciben.  Poco a poco se irán relacionando con sus emociones, tendrán un nombre para lo que sienten y lo podrán expresar hasta lograr llegar al autocontrol sin que los rebasen sus impulsos.  Pero para llegar a esto, los adultos necesitamos estar en calma para poder transmitirla; necesitamos amor y paciencia para entender sus desplantes; fortaleza para sostenerlos; e intuición para adelantarnos a sus necesidades y protegerlos de la sobre estimulación que puedan recibir.

Marifer Calderón
Consultoría Práctica en Paternidad
Asesoría en línea
Facilitador Autorizado Instituto Neufeld
@marifer_calderon_
www.marifercalderon.com