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Los niños necesitan un poco de estrés y frustración

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Existen dos extremos cuando nos referimos al estrés y la frustración que los niños y niñas deben o no experimentar. Algunos padres de familia quisieran evitarles cualquier frustración, dolor o estrés a sus hijos. Algunos otros pensarán que deben “preparar” a sus hijos para el mundo real, y que la única manera es que se vayan entrenando en las frustraciones de la vida. La realidad es que ambos extremos tienen algo de verdad y que cierta cantidad de estrés y frustración son necesarios para el desarrollo. También es cierto que cuando el estrés y la frustración son demasiado intensos y sobrepasan la capacidad para procesarlos, tienen efectos importantes en la salud mental, en las relaciones y en el bienestar en general.

Entonces no se trata de que los padres se vuelvan locos tratando de evitarles cualquier frustración o estrés a sus hijos, o de que, por otro lado, los expongan a todas y cada una de las frustraciones posibles. Se trata de que sean ellos los que, a través de la relación con sus hijos, los ayuden a navegar las frustraciones que les corresponde vivir. Se trata de que los adultos encargados de la crianza sean los que sostengan a los niños y niñas a través de las frustraciones, los ayuden a darles sentido y a registrar que, a pesar de ellas, pueden sobrevivir. Por lo tanto, el estrés más tóxico es el que proviene justamente de sentirse separado de esos adultos que los cuidan, es el que proviene de relaciones tóxicas o fallidas con las personas adultas que están a cargo de ellos, es el que proviene de experimentar abuso, trauma o negligencia por parte de quien o quienes deberían sostenerlos, protegerlos y guiarlos. Es el tipo de estrés que cambia el rumbo del desarrollo, es el tipo de estrés que detiene los procesos de maduración.

Si nuestro objetivo como padres o madres, maestros, abuelas, tías es ayudar a los niños y niñas a que maduren y que logren alcanzar su máximo potencial humano, entonces es indispensable que dediquemos la mayor parte de nuestro esfuerzo diario a construir un vínculo, una relación profunda y segura con ellos. Porque es a través de esta relación que los niños y niñas podrán atravesar el estrés y las frustraciones. El cerebro tiene dos funciones, ayudarnos a sobrevivir y ayudarnos a madurar. Pero solamente puede hacer una de esas cosas a la vez. Cuando el cerebro se siente “seguro” y no tiene que estar en modo alerta para ayudarnos a sobrevivir, entonces tiene oportunidad para ayudarnos a madurar. La manera en que el cerebro de los niños se siente seguro, es justamente cuando siente que puede descansar en la relación con el adulto a cargo. Cuando su cerebro registra que hay un adulto a cargo que consistentemente lo va a ayudar a atravesar las frustraciones y estrés que se le presentan, que puede confiar.

Al mismo tiempo, para que los adultos puedan responder en tiempo y forma a los llamados de los niños y niñas en sus momentos de estrés o frustración, deben de ser capaces de leerlos y de reconocer estas situaciones, deben de estar presentes, deben de poder observar y decidir cómo sostenerlos. Algunas maneras en que pueden ayudar son:

  1. Ayudarlos a enfocarse en lo que si pueden controlar. Cuando los niños están en situaciones estresantes o frustrantes, hay muchas cosas que no pueden controlar. Por ejemplo, la pandemia, que se cancelen ciertas actividades, que el examen esté muy difícil. Se trata de ayudarlos a enfocarse en lo que si pueden controlar. En el caso de la pandemia, por ejemplo, si podemos controlar lo que nosotros hacemos para cuidarnos, como el uso de cubrebocas, la vacunación, el lavado de manos, la distancia segura, etc. Si el examen está muy difícil, entonces podemos controlar qué tanto estudiamos, cómo estudiamos y tal vez, hasta si pedimos ayuda a un compañero para estudiar juntos. Cuando el enfoque está en las pequeñas cosas que si pueden controlar, el nivel de estrés baja.
  2. Platicar con ellos sobre posibles soluciones a ciertas situaciones estresantes o frustrantes. A veces, simplemente sentarse con los niños y platicar sobre lo que les estresa o frustra, les ayuda a encontrar sus propias soluciones. Escuchar es una ayuda poderosa.
  3. Cuando una situación ya es suficientemente estresante, es importante que el adulto lo pueda reconocer y así evitar sumar más estrés o frustración. Por ejemplo, si la hora de dormir es un momento de estrés para el niño, lo que no necesita es que papá o mamá le ayuden a sentirse seguro y tranquilo para que pueda irse a dormir. Puede ser que se queden con él y le lean un cuento hasta que se duerma, tal vez ponerle música tranquila, o darle una camiseta de ellos para que la puedan abrazar y sentirlos cerca. En fin, las opciones son infinitas, lo importante es buscar opciones que le ayuden a bajar el estrés en lugar de abonar a el.
  4. Manejar el propio estrés. Los padres no pueden ayudar a sus hijos a manejar su estrés si ellos no pueden hacerlo con el propio.  Ayudar a los niños a manejar su estrés y frustración toma mucho de la energía y presencia emocional de los padres. Para poder ser el adulto que sostiene al niño, con los suficientes recursos, los padres deben poder cuidarse y manejar su propio estrés. Tomarse tiempo para cuidar la salud física y mental, incluso pidiendo ayuda a otros adultos. Comer bien, hacer ejercicio, hablar con amigos o con algún profesional. Todo lo que el padre haga para manejar su estrés, ayudará también a manejar el estrés de los niños.

Superar, manejar, atravesar las frustraciones y el estrés no es algo que se logre rápido, ni con trucos o recetas. Es un proceso que toma miles y miles de experiencias e interacciones. Es un modo de vivir.  Los niños no pueden hacerlo solos, necesitan a los adultos en su vida para lograrlo y para eso, los adultos también necesitan mantener un nivel de estrés que sea manejable. Es digamos un “mal necesario”, no lo podemos evitar, pero si lo podemos manejar. Es una de las tareas más importantes que los adultos tenemos en la crianza, porque tendrá un impacto directo en la salud emocional y psicológica de los niños que están a nuestro cargo, pero también en la sociedad en la que ellos viven y vivirán.

Lic. Ma Esther Cortés
Asesoría en Educación y Crianza /Facilitador Autorizado Instituto Neufeld
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