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Deberíamos de ser mejores observadores

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Una de las preguntas más frecuentes que los padres o maestros hacen cuando están teniendo problemas con sus hijos o estudiantes es ¿Qué hago? Y para esa pregunta hoy en día hay un millón de diferentes respuestas. Listas interminables de consejos prácticos, de recomendaciones, de técnicas y trucos. Pero parece que una de las habilidades más importantes se nos pasa por alto con facilidad o tal vez preferimos no tomarla en cuenta porque requiere mucho mas esfuerzo de nuestra parte. Estamos hablando de la “observación”. Para ser un buen observador necesitamos poder examinar atentamente, mirar con atención, ver mas allá de lo que nos es obvio, analizar el entorno, tener una visión de 360 grados, tomar en cuenta los diferentes escenarios posibles, tener un interés genuino en conocer al otro. Ser un buen observador también requiere de nuestra paciencia, paciencia para no adelantarnos a los hechos, para dar espacio y tiempo, para actuar cuando es necesario y no por ansiedad, para confiar en el proceso y no perseguir los resultados, para darle a cada hijo o estudiante lo que necesita en el momento que lo necesita. Si queremos ser mejores papás o maestros y convertirnos en verdaderos guías, acompañándolos de una manera más eficaz y dejar de perdernos en buscar soluciones rápidas y fáciles ante los retos de la crianza y la educación, entonces tendremos que trabajar en nuestra habilidad de “observadores”. A continuación, veremos algunos ejemplos:

  1. Uno de los momentos en que nuestra habilidad de “observadores” debería de incrementarse es cuando entramos en esta disyuntiva de si nuestros hijos o estudiantes necesitan de nuestra motivación para lograr un objetivo. Cuando una persona ya está intrínsecamente motivada para lograr o hacer algo, necesitamos tener cuidado en qué tanta motivación externa necesita. Es como si fueran un volcán al que le vemos que le sale chispas, alguna que otra explosión de lava y en ese momento nos apresuramos a meterle pólvora, porque pensamos que así va a hacer mejor erupción, generalmente lo que sucede es que el volcán se apaga. Piensen en ese estudiante o hijo que por ejemplo era muy bueno para dibujar y no solo era bueno, sino que lo disfrutaba enormemente. En ese momento lo que deberíamos hacer es simplemente “observar” desde una distancia, tomar tiempo, darle espacio, y entonces decidir qué acciones tomar. Tal vez solamente necesitaba unas palabras de aliento son suficientes, o a lo mejor una recomendación de una buena clase de dibujo avanzado, o darle la oportunidad de hacer la evaluación a través de dibujar un meme, o un regalo navideño de un juego de colores profesionales. Las opciones son interminables, lo importante es que, a través de la observación, nos dimos el tiempo y el espacio para ayudar en lugar de tapar la erupción del volcán.
  • Otro de los momentos en los que la observación es fundamental es cuando decidimos si nuestros hijos o estudiantes necesitan estar cerca de nosotros para recibir nuestro apapacho y consuelo, o si es un momento de alentarlos a explorar. Entre más los observamos, más podemos anticipar qué es lo que necesitan. Por ejemplo, si una de tus estudiantes está muy frustrada porque no puede resolver una actividad en clase, dependiendo de tu observación previa, puedes decidir si lo que en realidad necesita es que te sientes junto a ella y le preguntes cómo se siente y si durmió bien y olvidarte de la actividad por un rato, o si lo que mejor le queda es que le digas a uno de sus compañeros que le explique la actividad y le ayude, porque sabes que eso la hará bajar su frustración y logrará hacer la actividad. Qué tanta ayuda o no necesitan, qué tanto abrazo y consuelo necesitan, es algo que solamente sabremos a través de la observación.
  • Una de las actividades en las que deberíamos de ser mucho más observadores es durante el juego libre. Cuando nuestros hijos o estudiantes están jugando, jugando libremente, en un juego exploratorio, que viene de adentro de ellos, en dónde están moviendo sus emociones, a través de construir, disfrazarse, representar papeles, saltar, aventarse, dibujar, cantar, bailar, es cuando más atención deberíamos de poner. Porque justamente ahí es en dónde podemos saber qué cosas los están moviendo, qué acontecimientos necesitan procesar, qué emociones los están invadiendo. En el juego se dicen y hacen cosas que en la vida real no siempre se pueden decir o hacer, pero necesitamos estar atentos para poder leer las claves y así ayudarlos, evitando ponerle juicios de valor a lo que sucede.
  • Y finalmente, la observación es indispensable cuando hablamos de una educación enfocada en el estudiante. Se habla mucho en estos días de que los nuevos modelos educativos están centrados en el alumno, pero en la mayoría de los casos solamente cambiamos las formas, pero no el fondo. Es diferente usar estrategias o metodologías menos tradicionales, pero que siguen con un currículo poco flexible, a verdaderamente tomar los intereses reales de los estudiantes y entonces a través de su curiosidad e interrogantes lograr aprendizajes significativos. Sabemos que el sistema escolarizado por naturaleza es rígido, pero está en manos de la habilidad de observación de los maestros, papás y mamás, el darles espacios a los estudiantes de que exploren sus intereses y aprendan a través de ellos.

Recordemos que no hay prisa, que no tenemos que decidir todas las cosas en todos los momentos. Practiquemos la paciencia y démonos el tiempo de observar, de verdaderamente interesarnos en los gustos, intereses, emociones, motivaciones, miedos, de nuestros hijos o estudiantes. Entonces podremos tomar mejores decisiones sobre qué hacer, cuándo y cómo. Pero, sobre todo, porque al ser mejores observadores también les estamos dando el mejor regalo, el regalo de sentirse vistos, escuchados, validados, les aseguro que las ganancias serán incalculables.

Lic. Ma Esther Cortés
Asesoría en Educación y Crianza /Facilitador Autorizado Instituto Neufeld
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