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Alentar y enseñar la amabilidad y la empatía a nuestros hijos

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Todos queremos vivir en un mejor mundo y sobretodo crear las condiciones para que nuestros hijos puedan vivir en el. Y para eso, una de nuestras tareas más importantes como papás y mamás es tratar de criar hijos e hijas que sean más amables, bondadosos y empáticos. Así como nacemos con una serie de características inherentes a nuestra propia personalidad, algunos de nosotros nacemos más empáticos que otros, o menos amables o más bondadosos. Sin embargo, por otro lado, las experiencias y las interacciones durante la crianza tienen un peso muy importante en el desarrollo. Si queremos que nuestros hijos sean amables y empáticos, nuestras prácticas de crianza deben reflejar intencionalmente estas características. No podemos esperar que nuestros hijos e hijas sean amables con su compañero de clase cuando no están de acuerdo en algo, cuando nosotros en casa les gritamos cuando no hacen lo que les pedimos. Tampoco podemos pedirles que sean empáticos cuando su hermano está triste porque perdió el partido de futbol, si nosotros minimizamos su dolor cuando lloran porque algo no funcionó como ellos esperaban. O querer que sean considerados con las personas de su comunidad, cuando nosotros en la calle nos la pasamos peleando de coche a coche y tratando de pasar siempre antes que todos.

La gran mayoría de los niños tratan de ser amables y ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Quieren ayudar en la casa y en la escuela, tienen la intención de ser amables. Pero depende de nosotros si intervenimos tanto para enseñar como para reforzar estos comportamientos. Reforzarlos y modelarlos es parte esencial del desarrollo emocional. Veamos algunas acciones que podemos hacer para lograrlo:

  1. Modelar la amabilidad. Como ya lo comentamos, para poder esperar comportamientos amables y bondadosos en nuestros hijos, primero tienen que poderlos ver y reconocer en nosotros. Debemos hacer una especie de examen de conciencia en dónde revisemos ¿Cómo son nuestras interacciones familiares y en la comunidad? ¿Cómo reaccionamos cuando nos frustramos con alguien o con algo? ¿Cómo les hablamos a las personas que no conocemos, pero que nos están ayudando? Hay muchas maneras de modelar la amabilidad en nuestro día a día, solo se trata de ser conscientes de ellas.
  2. Practicar la consideración con los demás. Para poder ser considerados con los demás debemos de poder “ponernos en sus zapatos”, tratar de entender cómo se sienten y qué y cómo piensan. Esto hace que los demás se sientan a gusto cuando están con nosotros, al mismo tiempo que logramos ver sus necesidades. Si practicamos junto con los niños preguntas cómo: ¿Qué sentirías tu si tu hermano te jalara el pelo como tu se lo jalaste?, ¿Qué sentirías si alguien te gritara, así como le gritaron a tu compañera de clase? Reflexionar junto con ellos sobre diferentes situaciones por las que han pasado, en lo personal o a través de alguien más, sobre si fueron tratados de una manera amable, bondadosa y empática. Poniendo sobre la mesa otros comportamientos que pudieran ser mas amables, aún cuando se encuentren bajo circunstancias poco favorecedoras. Porque el verdadero reto es ser amable y bondadoso cuando nuestra frustración está en niveles altos.
  3. Enseñar el autocuidado y la autocompasión. Ser amables con los demás solo es parte de la ecuación. Ser amables con nosotros mismos es igual de importante. Aceptarnos a nosotros mismos, sin hablarnos de manera despectiva y saber que, aunque podemos cometer muchos errores, también debemos perdonarnos para mejorar. Y cuidarnos también implica tratarnos bien, es decir, comer bien, dormir lo necesario, jugar, descansar.
  4. Practicar la comunicación con conciencia plena. Es decir, cuidar lo que decimos para en la medida de lo posible tratar de comunicarnos de manera amable y bondadosa con los demás. Muchas veces nuestro nivel de frustración es alto y salen de nosotros palabras o actitudes que transmiten todo menos amabilidad. Tomarnos una pausa antes de decir algo poco amable, sobretodo cuando se los decimos a nuestros hijos. Hablar de nuestras emociones de una manera amable pero asertiva es indispensable. Es importante que practiquemos este tipo de comunicación con nuestros hijos, darles siempre el espacio para expresar lo que sienten, pero sin hacer sentir al otro como un basurero emocional.
  5. Utilizar el juego como medio para practicar la amabilidad y la empatía. Cuando jugamos a ser alguien más es una manera mas ligera de “ponernos en los zapatos del otro”.  Incluso podemos jugar a gritarnos, a enojarnos, a frustrarnos sin consecuencias en la vida real, dándoles un espacio.
  6. Reconocer los momentos en que nuestros hijos son amables y empáticos. Es muy fácil pasarnos la vida señalando lo malo, pero casi nunca reconocemos lo bueno. No se trata de “premiar” los buenos comportamientos, sino de reconocer los momentos en que, a pesar de su frustración, lograron ser amables y empáticos. Desde el pedirle a su hermano que le deje de quitar sus juguetes en lugar de jalarle el pelo, hasta cuando viendo una película o leyendo un cuento ellos reconocen la amabilidad o empatía en un personaje.

Poner énfasis en el efecto emocional que ser amable tiene sobre nosotros. Ser amable, ser empático, ayudar a otro nos hace sentir bien, nos hace sentirnos felices y conectados unos con los otros, bajando nuestro nivel de estrés. Y eso es algo que necesitamos señalarle a nuestros hijos para que poco a poco vayan haciendo esta relación. Cada día nos trae oportunidades para modelarlo y para ayudar a nuestros hijos a realizarlo. Tomémonos el tiempo para reflexionar sobre nuestras acciones, actitudes y emociones para que desde nuestro papel de padres y madres logremos ayudar a cultivar relaciones y crear ambientes más amables, sin duda es algo que necesitamos desesperadamente.

Lic. Ma Esther Cortés
Asesoría en Educación y Crianza /Facilitador Autorizado Instituto Neufeld
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